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Generación in Between
¿Dónde encontramos a Dios?
 

Eclesiología.

Ya está. Lo logré. Con una sola palabra conseguí que ya no quieras seguir leyendo.

Así es la iglesia, ¿cierto?

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A la más mínima molestia, la gente se cierra a lo divino. Nuestra fugaz conexión con Dios es tan delicada, frágil y tenue, que podemos ser fácilmente abatidos por la forma en que la iglesia fracasa en sus responsabilidades de ser santuario y lugar seguro para quienes buscan seguir a Cristo.

La palabra “eclesiología” sólo quiere decir “la naturaleza y estructura de la iglesia cristiana”. ¿Qué significa ser la iglesia y dónde se supone que encontramos a Dios?

Poco después de mudarme a Laguna Beach, hice algunos amigos entre quienes organizan el evento Cerveza e Himnos en Orange County. La idea es simple: Cantar himnos y beber cerveza. ¡Parece algo encantador! En Costa Mesa (California), entré a este bar lleno de gente, pedí una cerveza y miré hacia el escenario mientras gente de más o menos de mi edad tomaron sus instrumentos y empezaron a afinar. Se distribuyeron himnarios impresos y por dos horas cantamos himnos estridentes a todo pulmón. Tuve un momento de gran bendición espiritual cuando empezamos a cantar “Cuando allá se pase lista”, una antigua canción que conozco sólo gracias a una pequeña congregación rural donde serví en Nueva Jersey. El bar estaba lleno de adultos jóvenes, mayormente en sus veinte años de edad, que cantaban con gozo y excelente armonía. La música fue insuperable y la experiencia transcendente.

Ese día fue para mí un día de iglesia. Mi corazón se sintió extrañamente cálido observando el gozo de los rostros de quienes me rodeaban. Adoración. Esto era adoración. No hubo ningún proselitismo o predicación. No hubo ningún llamado al altar, no se repitió constantemente el coro “Tal como soy”, y no se invitó a la gente a que entregara su vida a Cristo. Sólo se trataba del deseo de ir a un lugar público para adorar, para cantar y bailar canciones al ritmo de la música y la pandereta, junto con una buena cerveza Hefeweizen. Fue algo tan simple, puro y atrayente.

Me hizo pensar en mi propia experiencia en mi amada iglesia de origen. Soy el producto de una iglesia metodista unida tradicional. Dondequiera que voy, escucho que se habla del decaimiento de las principales denominaciones protestantes y la ausencia de los Milenarios en la iglesia. La iglesia donde sirvo va en esta dirección. Yo y mi familia somos los más jóvenes de la congregación.

En medio del evento Cerveza e Himnos en Orange County, me di cuenta cuán poderosa puede ser la presencia de Dios en lugares inesperados. Un sucio bar en un concurrido centro comercial no era el lugar donde yo esperaría sentirme tan inspirada, pero no pude evitar sentirme inmersa en el Espíritu.

También me di cuenta de cuán cerrada puede aparecer la iglesia.

En el Antiguo Testamento, Dios le permitió a Salomón, hijo del rey David, edificar un templo –elaborado y lujoso– pero esta no era la promesa más importante. Dios dijo: “Será él quien construya una casa en mi honor, y yo afirmaré su trono real para siempre” (2 Sam. 7:13, NVI). Salomón no construyó una residencia física para Dios. Salomón más bien edificó una estructura en el nombre de Dios, para reconocer a Dios. El templo ayudó a que la gente se encontrara con Dios. Como se ha entendido desde siempre, Dios no “vive” en una residencia terrena, pero hay sitios, lugares y situaciones en los que reconocemos especialmente la presencia de Dios. Cuando Dios prometió que el trono del reino duraría para siempre, reconocemos que la presencia de Dios no está ausente, incluso allí donde la estructura física del templo ya no existe.

Quizá Dios nos promete lo mismo a nosotros. El “templo” de la iglesia no se edificó para nuestro beneficio, sino para el beneficio de nuestros hijos y nietos. El templo no nos pertenece. Esto significa que el fin de la iglesia es inculcar el don de la fe en las nuevas generaciones. Nuestra expectativa no puede limitarse a las paredes de un edificio, porque nuestro Dios no puede ser contenido allí.

La iglesia está cambiando. La gente está cambiando. Tememos que la iglesia esté muriendo. Les prometo que la iglesia no va a morir. El Cuerpo de Cristo es mucho más fuerte y vital que cualquier intento institucional que hagamos para avivarlo.

Amigas y amigos, la gente está allá afuera, conectándose con la iglesia en un bar de Costa Mesa. Se conectan con Dios cantando himnos que tu abuela cantó. Cantan con ánimo, espíritu y una cervecita. Se están volviendo en el cuerpo de Cristo, alabando el nombre del Señor.

Por tanto, no debemos preocuparnos de que la iglesia va a morir. No está muriendo, la iglesia está cambiando. La metamorfosis de la iglesia y la forma en que nos juntamos y adoramos significa que debemos adaptar la manera en que realizamos el trabajo sagrado, porque Dios no puede ser contenido en una caja, un toldo o un templo, ni tampoco el Cuerpo de Cristo.

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Rev. Mandy Sloan McDow es oriunda de Knoxville, TN. Hoy sufre para el Señor en un santuario con vista al mar y una maravillosa congregación inclusiva, en Laguna Beach, California. Mandy es cinturón negro taekwondo, le encanta la música y a menudo ve los juegos de béisbol con sus tres niños. Para más información sobre Mandy, visite Reverend Mama.

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