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Generación in Between
Reparando el daño causado por el racismo
 

Por Rev. Brian Tillman

Quienes luchan por la justicia suelen decir: “Cuando estás acostumbrado a los privilegios, la igualdad se siente como opresión”. Concuerdo con esta verdad.Así que, empecé a preguntarme “si la igualdad sabe tan mal para la América blanca, ¿cómo es que les cae la equidad?”.

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Las seis etapas de la reconciliación:

En otros artículos, he hablado de las seis etapas de la reconciliación racial y he escrito con más detalles acerca de las primeras tres: resistencia, reconocimiento y arrepentimiento. La cuarta fase es la reparación. Como dijo Martin Luther King Jr., toda reconciliación que se haga sin serios esfuerzos de reparación es:

“como poner en libertad a un hombre que fuera injustamente encarcelado por muchos años y, al descubrir su inocencia, enviarlo a casa sin darle dinero para locomoción, sin un traje para cubrir su cuerpo, sin compensación financiera que indemnice por los largos años de su encarcelamiento y que lo ayude a empezar otra vez en la sociedad; liberarlo con sólo esta afirmación: ‘ya estás en libertad’. ¿Qué injusticia más grande podría cometer la sociedad? Todas las voces de la moralidad universal, todos los códigos de ley, se levantarían a condenar semejante acto. No obstante, esto es lo que América hizo al negro.”[1]

La América blanca tiene una deuda que jamás ha pagado y que ni siquiera desea reconocer. La historia y los efectos de la esclavitud, segregación y encarcelación masiva han ahogado el progreso de la comunidad negra y han privilegiado injustamente a la comunidad blanca. Sin reparación la injusticia no ha terminado.

Por tanto, ¿cómo reparamos la injusticia hecha a las personas de color y especialmente a los americanos negros?

Tendríamos que empezar por aceptar que la reparación para los americanos negros implica que la sociedad no puede tratar a todos de la misma forma. Esto es crítico. Esto que digo es complicado para los americanos, porque se supone que estamos a favor de la igualdad de oportunidades y la igualdad de acceso. Nos han convencido de que la igualdad debería ser la meta, cuando en realidad la igualdad sólo perpetúa la injusticia. Demos este ejemplo: Si me he comprometido a dividir $100 dólares entre mis cuatro hijos pequeños cada mes, pero divido $99 entre tres hijos en partes iguales y dejo sólo $1 dólar para el cuarto, he creado una injusticia. Si hago esto por todo un año y me doy cuenta de mi error, ¿qué tengo que hacer para corregirlo? ¿Basta comprometerme a entregarle $25 a cada uno el próximo año? Hacerlo significaría tratarlo con igualdad, pero no sería justo ni equitativo. Para reparar la injusticia, debo poner al cuarto hijo al mismo nivel de los primeros tres. El cuarto hijo no confiará más en mí, si no reparo con equidad la injusticia que he creado. América debería esperar lo mismo.

Remover las leyes de opresión que han estado en los libros por cientos de años no allana el campo de juego. El terminar con la esclavitud no removió en forma retroactiva la devastación causada a los americanos negros ni distribuyó concesiones de tierras a los americanos negros como se hizo con los americanos blancos. El terminar con la segregación no entregó a los americanos negros la oportunidad de aprovechar préstamos hipotecarios respaldados por el gobierno federal como se hizo a favor de los americanos blancos, lo cual produjo gran parte de la riqueza de la clase media. Es bueno cambiar las leyes, pero esto no completa el proceso de reconciliación, sino que solo representa un paso en dicha dirección.

Es una simple regla que debemos aprender de niños: “si rompes algo, debe repararlo. Si tomas algo, debes devolverlo. Si adquieres una deuda, debes pagarla”. Toda buena madre y padre enseñan estas lecciones a sus niños. No obstante, de alguna forma cuando se trata del racismo sistémico e institucional de América, especialmente en relación con la esclavitud, América jamás ha reparado, devuelto o restituido. A pesar de todo, los americanos blancos continúan hablando de reconciliación sin entender que la reconciliación incluye reparar los daños ocasionados. Si manejando mi automóvil daño la propiedad ajena, se espera de mí que repare lo que dañé; no basta pedir disculpas y actuar como un buen conductor en el futuro.

El trabajo de reparar los daños del racismo es demasiado importante como para no mencionar quién debería realizarlo. Mucha gente blanca con la que hablo siente que el racismo es un problema del negro, pero no lo es. Es un problema “para” los negros, pero es un problema “blanco”. “Si tú te beneficias de la opresión es tu deber terminar con ella”.[2] La reparación debe ser realizada por la gente blanca que está en el poder, pero guiada por gente de color y llevada a cabo a la satisfacción de la gente de color. No se puede confiar que se producirá una verdadera reparación, si ésta se lleva a cabo bajo el control de personas blancas y es hecha a la satisfacción de la gente blanca.


El Rev. Brian A. Tillman preside la Comisión de Religión y Raza de la Conferencia Georgia Norte, y también es pastor asociado de la IMU Ben Hill, en Atlanta. Con frecuencia usa la etiqueta #ResistToReconcile

 

 


[1] Martin Luther King, Jr. (1968). Where Do We Go From Here. Boston: Beacon Press, 84.

[2] Jim Wallis, (2016) America’s Original Sin: Racism, White Privilege, and the Bridge to a New America; Brazos Press, Grand Rapids, MI, 35.

[Publicado 19 de deciembre, 2017]

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